
Boda ibicenca de Caritina Goyanes con Antonio Matos

Instantanea de la boda de Caritina Goyanes y Antonio Matos
La menos mediática de la familia Goyanes-Lapique celebró el pasado 26 de julio su boda en Ibiza con la misma expectación que cualquier reina del corazón. La isla pitiusa fue elección personal de la novia, enamorada de este lugar desde hace muchos años y su lugar preferido de vacaciones.
El calor sofocante se convirtió en el principal protagonista y provocó que muchos de los casi quinientos invitados no acudieran a la ceremonia religiosa y que, algunos de los que asistieron, abandonaran la iglesia nada más comenzar la misa para refrescarse en algunos de los bares de la plaza.
A las ocho de la tarde, con media hora de retraso sobre el horario que se fijaba en la invitación, Caritina llegó en un Bentley descapotable que conducía su padre y padrino, Carlos Goyanes, acompañada por los ocho pajes del cortejo nupcial. A pesar de los nervios y de que todas las cámaras se abalanzaron literalmente sobre ella, no perdió la sonrisa en ningún momento y mostró toda su naturalidad y encanto.
Desde media hora antes la esperaba el novio, Antonio Matos, que había llegado con su madre y madrina, Luisa Salazar Osborne. El típico nerviosismo y el agobiante calor hicieron que esperara charlando con su padre y unos amigos a las puertas del templo hasta momentos antes de aparecer su prometida.
Vestido de fiesta
Caritina, maquillada por Javier Montenegro y peinada por Alicia Barón, lució un vestido de fiesta de Manuel Mota para Pronovias de línea fluida, confeccionado en gasa de seda natural con el cuerpo ablusado, semidrapeado y cruzado por delante formando un favorecedor escote en uve. El velo doble de tul de seda natural, de cuatro metros de largo, partía de un tocado realizado con jirones de gasa.
Como únicas joyas, unos pendientes de coral blanco con oro blanco y brillantes en forma de lágrima, regalo de la firma Suárez, donde trabaja su madre como encargada de los clientes especiales desde hace seis años, y el anillo de pedida.
El ramo era obra de la floristeria Alfabia, de Madrid. Caritina no sabía si regalarlo a alguna de sus muchas amigas solteras o a su hermana para que se animaran pronto a pasar por la vicaría.
También cumplió con alguna de las tradiciones con las que se viste toda novia, y llevó una liga de color azul regalo de una de sus mejores amigas.
Acorde a la moda de la isla, los pequeños del cortejo nupcial, entre los que se encontraban Iván, el hijo de Fernando Fernández Tapias y Nuria González; Jaime y Felipe, dos de los hijos de Pepe Barroso, y Almudena y Manuel, hijos del hermano de Cary Lapique, iban con trajes de lino blanco, diseñados por la madre del novio y confeccionados en la India.
La ermita, situada en la pequeña plaza del pueblo de Es Cubells con vistas sobre bellísimos acantilados, estaba decorada con limones, limas, distintos tipos de verde y margaritas. Una alfombra de esparto, a cuyos lados habían colocado hierbas de aromático romero y limones, llevaba hasta el altar, decorado con centros en distintas alturas con los mismos elementos que el resto del templo.
Para mitigar los rigores del verano ibicenco, se distribuyeron por los bancos abanicos blancos y botellines de agua fría.
Los del Río
La novia entró del brazo de su padre bajo los sones de la cantante de gospel americana Kathy Autrey. Además de ella, también cantaron en la misa Los del Río, que interpretaron Gloria, Santo, Cordero de Dios y la Salve Rociera, ésta última por expreso deseo de la novia.
La ceremonia fue oficiada por el jesuita Jaime Garralda, gran amigo de la familia Lapique desde hace muchos años, y las lecturas corrieron a cargo de Jaime Matos, hermano del novio, y Carla, la hermana de la novia.
A las nueve de la noche los novios salían del templo ya convertidos en marido en mujer. Debido a los nervios, Caritina protagonizó una de las anécdotas al no poder reprimir un ataque de risa en medio de la ceremonia, que contagió a gran parte de los invitados. Esa espontaneidad es fiel reflejo de su personalidad, ya que como su emocionada madre declaró una vez finalizada la misa: «Mi hija mayor es toda naturalidad».
A continuación se dirigieron a Can Rocío, en Sa Caleta, donde se celebró el banquete y la posterior fiesta, que duró hasta bien entrada la madrugada.
Se trata de una villa particular ubicada en uno de los parajes más bonitos de la isla con vistas al mar y a Formentera, en la que la familia Aznar ha pasado sus vacaciones en los últimos veranos. Tiene un bellísimo jardín tropical y casitas balinesas distribuidas a lo largo del mismo. En los distintos niveles del citado jardín, iluminado con velas, se colocaron las mesas, para doce comensales cada una.
Cóctel de Caritina
Los invitados fueron recibidos con un cóctel, que sirvió la empresa de catering de Caritina, Six-Sens, y que ella se encargó de diseñar, regado con mojitos y champán.
La cena, también contó con la supervisión de la novia, pero fue servida por el catering El Pato, especialista en comida Mediterránea. Entre otras delicias degustaron gambas a la ibicenca, lasaña de salmón y carne con trufa. La tarta, que cortaron los novios, puso final al banquete. Lo que no cumplieron los recién casados fue la tradición de abrir el baile con un vals.
Dos orquestas amenizaron la fiesta y para que los invitados, sobre todo las mujeres que eligieron tacones de vértigo, pudieran disfrutar con comodidad se regalaron chanclas.
Con y sin pareja
Entre los muchos invitados, del mundo de la empresa, la aristocracia o la farándula, hubo una pareja que escenificó su reconciliación, como Vicky Martín Berrocal e Israel Bayón, de nuevo juntos tras su última ruptura, y otras como la de Carmen Martínez-Bordiú y José Campos y la de Fonsi Nieto y Ariadne Artiles, que cada día parecen más distanciados.
El piloto asistió solo a la boda, porque, al parecer, ella estaba trabajando fuera de España, algo que llamó especialmente la atención, pues un día antes habían estado cenando en uno de los restaurantes de moda de la isla y habían salido a navegar en barco.
Carmen, por su parte, ha hecho sus últimas apariciones públicas sin su marido, lo que no hace nada más que acrecentar los rumores de separación o al menos de crisis.
Nada que ver con la felicidad que está viviendo Caritina.
SEMANA